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CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA

El Milagro

NARRACIÓN DEL PRESUNTO MILAGRO DE CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA EN  FAVOR DE JORGE  GUILLERMO TREVIÑO GUTIÉRREZ, ACAECIDO EN LA CIUDAD DE  MONTERREY, N. L. EL JUEVES 22 DE MAYO DE 20081

DECLARACIÓN:  De  acuerdo  al  decreto  del papa Urbano VIII, el autor de este  escrito  no  pretende  adelantarse  al  juicio  definitivo  de  la  Santa  Sede  Apostólica y de la Iglesia. Dócilmente  se somete a su decisión final.

Largo proceso de enfermedad

Jorge Guillermo Treviño Gutiérrez nació en la ciudad de Monterrey, N. L., el 7 de diciembre de 1960, en el seno de una familia católica y con valores cristianos; llevó una infancia normal. El 26 de julio de 1984 contrajo matrimonio con Cecilia Plancarte González. Era un hombre sano y deportista; frecuentemente jugaba al tenis con su mujer. Era de complexión delgada (63 kg) y de estatura baja (1.62 mts.). Él y Cecilia tuvieron dos hijos, Jorge y Gabriel.
Siendo un hombre enteramente sano, sus padecimientos comenzaron en 1986, a los 26 años, con una gastritis severa; en ese entonces fumaba excesivamente. Los médicos controlaron el padecimiento con dietas y prohibición de tabaco.
En 1989 contrajo hepatitis y fue aislado por 30 días. A partir de 1990 tuvo mucha inestabilidad en su trabajo por lo cual tuvo que vender su casa y su vehículo; esto le acarreó un fuerte estrés y lo declararon hipertenso.
El año de 1993, no obstante su edad (33 años), comenzó a crecer (hasta 14 cms.) y a engordar; aquí aparecen las primeras contracturas musculares que ocurrían ya sea durante el desarrollo de alguna actividad física o aún en reposo. A partir de este año comienza con un calvario de enfermedades, sin saber la causa de ellas, a pesar de tener un estricto control médico2; reflujo, acidez estomacal, presión arterial alta, desmayos, debilidad general, espasmos cardiacos, cefaleas, adormecimiento de las extremidades, excesiva sudoración, pero, sobretodo, contracturas musculares y calambres muy intensos y dolorosos acompañados de desgarres de los músculos y esguinces en ligamentos de las piernas; cuadro que del año 1996 al 2004, se fue haciendo cada vez más intenso, en ciclos cada vez más cortos. Sus calambres, contracturas y desgarres podían ser a cualquier hora del día, sin importar lo que estuviera haciendo o simplemente dormido. Sin embargo, en este período la duración de los episodios era de horas, días, semanas, o hasta meses; fue una situación especialmente dolorosa para la pareja, porque no había nada para controlar esas crisis recurrentes.
En enero del 2004 Jorge fue internado de emergencia debido a que contrajo neumonía y estuvo una semana en el hospital. Y a todo esto, los calambres, desgarres y contracturas aumentaban su intensidad, dolor y duración; la mano izquierda de Jorge comenzaba a cerrarse; no podía usar los dedos anular, medio y meñique. Comenzaba también a tener calambres en la mano derecha cuando la usaba excesivamente. Se le llegó a diagnosticar esclerosis múltiple y se le prescribió un tratamiento; al no haber mejoría alguna se desechó el diagnóstico.
En enero de 2005 volvió a contraer neumonía y el cuadro muscular fue más severo que en el 2004. A partir de agosto de 2005, los calambres y dolores musculares acompañados de contracturas se hicieron, ya no cíclicos, sino permanentes. Tenía el brazo izquierdo torcido sobre el tórax; la pierna izquierda contracturada y al tratar de estirarla, se agudizaba el dolor y venían desgarres y moretones. En esta ocasión, llamó al Dr. Manuel de la Maza Flores, neurólogo, quién solicitó varios estudios. Jorge empeoraba cada día. En enero de 2006 se volvió a hospitalizar con todo el lado izquierdo contracturado, además de la boca y el cuello. Se le administraron potentes relajantes musculares, analgésicos y aún morfina, sin resultado alguno. Se realizaron varios exámenes: electro miografías, encefalogramas, resonancias, potenciales evocados y varios exámenes de laboratorio; no se encontró ningún diagnóstico. Se detectaron varios discos con protusiones y como Jorge comenzaba a paralizarse, se optó por operar uno de los 4 discos dañados; de dicha intervención no se obtuvo ninguna mejoría. En agosto de 2006 volvió a ser hospitalizado a causa de una alergia y de que las contracturas ahora se presentaron en el abdomen. Después, a finales de ese mismo año las contracturas empeoraron extendiéndose del lado izquierdo, al lado derecho. Se le aplicaban también toda clase de remedios caseros; pomadas, cataplasmas fomentos calientes; además de analgésicos y relajantes musculares, sin obtener ninguna mejoría. Jorge y Cecilia llegaron a sentir una gran impotencia ante la situación aguda de dolor que se sucedía de noche y de día y la poca respuesta a los tratamientos médicos, análisis, hospitalizaciones, etc.
En diciembre de 2006, tuvieron un reencuentro con una amiga de la juventud.3 Mientras tanto Jorge continuaba con sus males, internándose en el hospital con frecuencia para pruebas, terapias, análisis y, siempre sin resultados. Ahora, a causa de los sedantes y relajantes musculares, lo mantenían adormecido; los médicos no lograban nada y no había diagnóstico. En agosto de 2007 se decidió volver a intervenir quirúrgicamente a Jorge en otro disco cervical, para retirarlo y poner una placa. Entonces entró por primera vez en contacto con los Misioneros del Espíritu Santo.4 El resultado de dicha operación, fue otra vez, inútil, además, había que tomar terapia ocupacional, hidroterapia, etc. A los tres meses de dicho tratamiento los dolores musculares, contracturas y calambres se intensificaron por lo que se abandonó el tratamiento. En enero de 2008, Jorge, a raíz de todo aquello quedó muy débil, se le puso una férula en el pie izquierdo, usaba bastón, podía caminar sólo unos pasos asistido de otra persona; por lo general estaba en silla de ruedas o acostado. La situación era cada vez más grave; él se iba deteriorando cada día y no se contaba con algún diagnóstico. Se llegó a temer lo peor. En febrero de 2008, Marcela, la amiga de la pareja, mencionada antes, le obsequió a Jorge una foto de Conchita, una pequeña biografía y una Cruz del Apostolado y le contó también de Jesús María como un lugar de paz y de oración. Al recibir la estampa, Jorge le comentó a su esposa que estaba enamorado de la mirada de Conchita. Recuerda que desde que tuvo la estampa le comenzó a pedir que intercediera por su salud.
La enfermedad continuaba y debido a la falta de diagnóstico, un neurólogo5 les ofreció llevar su caso, que estaba excepcionalmente bien documentado, a Congresos de Neurología para solicitar consultas con especialistas de Estados Unidos, Europa y Canadá. Por ese medio se solicitaría luz acerca de tan raro padecimiento6. Al mismo tiempo dicho neurólogo continuó haciendo estudios a Jorge como una resonancia en la columna lumbar y otros. Todas las pruebas daban negativo.

Viaje a Jesús María y petición de salud 

El 15 de mayo de 2008, con permiso de su médico, Jorge decide viajar a Jesús María acompañado de su esposa Cecilia y de su amiga Marcela que se ofreció a llevarlos desde Monterrey (540 Km.). Se hospedaron en la casa de los Misioneros del Espíritu Santo que se dedican a la investigación de la Espiritualidad de la Cruz.7 Jorge llegó bastante mal después del viaje. Durante la cena Jorge contó a los presentes la intención de su viaje: pedir, por intercesión de Conchita, su salud. El superior de la comunidad, padre Carlos Francisco Vera, después de oír el relato de las enfermedades de Jorge y de escuchar las intenciones de su viaje a Jesús María, interrogó a cada uno de los presentes8 si tenían fe en esa intercesión. Cada uno fue diciendo claramente que sí, incluyendo el mismo que interrogaba. Entonces los invitó a creer firmemente en que se lograría el objetivo de la peregrinación, pues les dijo que Conchita, como madre que era, favorecía a las familias con su intercesión.
Siendo un hombre enteramente sano, sus padecimientos comenzaron en 1986, a los 26 años, con una gastritis severa; en ese entonces fumaba excesivamente. Los médicos controlaron el padecimiento con dietas y prohibición de tabaco.
El tiempo de su estancia ahí se repartió en varias visitas: fueron a la casa de las religiosas de la Cruz; la superiora9 se enteró de la finalidad de su visita y le aseguró que toda la comunidad le pediría a Conchita ese insigne favor; después lo condujo al la capilla de la comunidad y Jorge oró ante el Santísimo y ahí pidió el milagro de su curación. Visitó el huerto de Conchita y un pequeño museo dedicado a ella. Estuvo en el lugar de la Cruz del Apostolado que plantó Conchita en 1894; el padre Rafael Ledesma oró con Jorge, le impuso las manos y pidió, por intercesión de la Venerable Conchita que, si era la voluntad de Dios, le concediera la salud. Después Jorge hizo otras visitas, como a la casa de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo a quien invitó a unirse a su intención. De aquella estancia en Jesús María, Jorge recuerda con especial emoción que, a pesar de su dificultad para caminar, quiso andar el “Vía crucis” en el huerto de Conchita, terminando exhausto; y también su visita a la Cruz del Apostolado en donde oró y le entregaron una reliquia de la misma.

Los caminos de Dios 

Los peregrinos regresaron a Monterrey el sábado 17 de mayo y durante el viaje, quizá debido al esfuerzo y la emoción, Jorge se sintió bastante mal. Al lunes siguiente tuvo que ser internado a causa de una fuerte subida de presión arterial y también debido a una elevación de la glucosa en sangre; además de las contracturas, calambres y desgarres que acompañaban todas sus crisis médicas. Se le practicó un tac cerebral y una resonancia magnética estando anestesiado debido a que no podía permanecer inmóvil por las contracturas. Al no poder controlar el dolor, ni bajar la presión y la glucosa, se decidió aplicar un tratamiento a base de toxina botulínica, remedio paliativo que relaja, pero no cura, con la intención de que, al bajar el dolor, bajaría la presión arterial y la glucosa. A Jorge no le pareció bien la propuesta pues sintió que aquello sería como una especie de engaño y se puso triste y deprimido. Atendiendo a las súplicas de su esposa Jorge accedió realizar el tratamiento el sábado 24 de mayo, con anestesia general, para lo cual se separó el quirófano, pero, como veremos, no hubo necesidad de ello.
El jueves 22 de mayo de 2008, cerca de las 19.00 hrs., se encontraban en la habitación del hospital, además de Jorge, su esposa Cecilia y dos amigas: Marcela Morales y Consuelo Sada. Jorge pidió a su esposa la Cruz del Apostolado y la estampa de Conchita. Entonces se invitó a Consuelo a que se uniera a la cadena de oración que se estaba haciendo para pedir, por intercesión de Conchita, la salud de Jorge. Quiso ésta saber quien era Conchita Cabrera, pues no la conocía. Jorge le explicó brevemente la vida de Conchita y se quedó dormido. Consuelo Sada se retiró de la habitación. Trajeron la cena para Jorge pero no se le quiso despertar. Entonces, tanto Marcela como Cecilia comenzaron a ver que Jorge, estando dormido, abría la mano izquierda que hacía años no podía abrir; eran cerca de las 19.10 hrs. Jorge, dormido, se movía, tenía en la mano izquierda la estampa de Conchita, musitaba algo en voz muy baja; las dos mujeres pensaron que, quizá, como en otras ocasiones estaría sufriendo contracturas, pero no, su rostro estaba sereno y sus músculos relajados. Muy sorprendida, la esposa pensó que cuando despertara Jorge, no iba a creer que había abierto la mano y movido los pies, así que se le ocurrió tomar su teléfono celular con cámara y comenzó a retratarlo; la amiga hizo lo mismo. Jorge comenzó a moverse todo: manos, brazos, piernas, se estiraba y levantaba las extremidades. Se pasaba la mano izquierda, antes paralizada, por el rostro y se tocaba la cara y el cuello y hasta tocarse la pierna izquierda, también paralizada. Además, tenía una cara llena de paz y felicidad, completamente relajado, como hacía años que no lo veían. Musitaba algo en su sueño; las mujeres se acercaron y se dieron cuenta que recitaba claramente las palabras del “Padrenuestro”. En ese momento entraron a la habitación dos sobrinas de Cecilia, con una niña.10 Quedaron asombradas de lo que estaba ocurriendo: Jorge movía los brazos y las piernas; abría aquella mano que por más de cinco años había estado agarrotada, ahora la pasaba suavemente por su rostro, por el cuello; además, se veía relajado y contento. Las cuatro mujeres estaban emocionadas hasta las lágrimas. Jorge tenía en el pecho la estampa de Conchita y durante todo aquel “proceso”, ahí permaneció. Entró, finalmente, también el médico de cabecera, de especialidad internista.11 Al ver a Jorge, con las piernas estiradas y sin contracturas, con los brazos sobre el pecho y que se movía, aún dormido, con toda normalidad, se quedó observando un momento y después ordenó cancelar todo tratamiento, incluyendo la prevista aplicación de la toxina botulínica. Se retiró del cuarto diciendo emocionado: “¡Bendito sea Dios!” Eran las 19:25 hrs. del jueves 22 de mayo de 2008. Después, todos caímos en la cuenta que era el Jueves de Corpus; en Jesús María se celebraba, en el Santuario de la Cruz del Apostolado, a esas horas, una misa para pedir por la salud de Jorge.

Una nueva realidad

Jorge despertó hasta las 23:40 hrs. Para ese momento estaban sus padres y hermanos, sus hijos y sobrinos. Todos estaban enterados de la curación y querían saber por sí mismos qué había pasado. Su esposa le dijo entonces: “Jorge, mira tus manos”. No lo podía creer, estaba sorprendidísimo y le decía a su esposa: “¿Ya me operaron?” Pensaba que había sido puesto el tratamiento de botox. La mujer le contestó que no; le dijo: “Hoy es jueves y te operan el sábado”. Incrédulo le dijo: “me estás mintiendo”. La esposa le reiteró la fecha. Su papá y su cuñada Patricia le aseguraron que no le habían puesto el botox. Jorge lloraba de emoción; no lo podía creer. Se revisó todo el cuerpo: manos, piernas, pies, cuello, cara. Luego, por su propio pie, ante el asombro de todos, se levantó al baño sin ayuda de nadie. Regresó y se quedó en su cama. Las visitas se comenzaron a ir. Al quedarse solo con su esposa, ésta le preguntó qué le había pasado durante su sueño; lo interrogó si había soñado algo y le pidió que le contara. Se acercó a él y entonces Jorge le dijo: “Estuve con Conchita, la vi muy cerquita, como a  30 cm. de distancia; yo lloraba y le  pedía que me escuchara; entonces se me acercó y me dijo: “¿me buscabas?” “¿qué me  quieres pedir?” y yo le dije: “¡Ya no quiero ver sufrir a mi esposa y a mis hijos, por favor,  ayúdame!”  Ella me dijo: “vamos a rezar” y comenzó a rezar el “Padrenuestro”, pero yo,  llorando la interrumpí diciendo: “¡Ya no aguanto más; no quiero ver sufrir a mi esposa y a  mis hijos!” En ese momento ella me dijo: “Hazme un favor: haz  tu comunión diaria y pide  por los sacerdotes”. Y continuó rezando el Padrenuestro y el Ave María. Después, me  acarició la cara y entonces fue que traté de tocarla pero, creo que en ese momento se  desapareció.” Después de contar esto a su esposa, Jorge se quedó dormido.
Al día siguiente se pudo bañar solo; se cercioró que lo que había vivido no era un sueño, estaba totalmente curado. Se echó a llorar.
Personalmente avisó de su curación a los padres Misioneros del Espíritu Santo, Carlos Francisco Vera y Rafael Ledesma; a los médicos, Pedro Mario González y Manuel de la Maza. Salió por su propio pie del hospital.

Acción de gracias 

El viernes 6 de junio viajaron a Jesús María para agradecer a Dios y a Conchita por su intervención y por haberle alcanzado la salud, de manera total e instantánea. Al pie de la Cruz del Apostolado se celebró una misa de acción de gracias12. En el huerto de las Religiosas de la Cruz, o “Huerto de Conchita”, Jorge identificó el lugar en donde tuvo, en sueños, el encuentro con Conchita.13 Al día siguiente se celebró otra misa en el convento de las Religiosas de la Cruz14 y ahí dieron su testimonio de la curación.
Jorge, se ha vuelto un gran devoto de Conchita. Habla de ella como se habla de una madre entrañable y cariñosa. Sigue perfectamente bien de salud. No tiene secuelas de su antigua enfermedad; su carácter es alegre y positivo. El don recibido por Dios a través de Conchita ha significado para él un compromiso y a la vez, un espléndido regalo.
  1. Esta narración la elaboró el padre Carlos Francisco Vera Soto MSpS y la cotejaron: Jorge Treviño Gutiérrez, Cecilia Plancarte González y Rafael Ledesma Barajas MSpS. Todos juran decir la verdad de lo ocurrido. Versión del 18 de junio de 2010.
  2. Jorge Treviño estuvo constantemente asistido y tratado por distintos médicos (Internistas, cardiólogos, neurólogos, reumatólogos, traumatólogos, neumólogos, gastroenterólogos y endocrinólogos) muy acreditados en Monterrey, que lo analizaron, trataron con terapias y medicamentos y acompañaron durante los largos años de su penosa enfermedad.
  3. Marcela Morales Contel de González.
  4. El primer Misionero del Espíritu Santo que Jorge Treviño conoció fue al padre Juan Gutiérrez MSpS quien lo animó a continuar firme en su fe, confiando en Dios y le recomendó que siguiera adelante con los tratamientos médicos.
  5. Dr. Miguel Osorno .
  6. Durante los primeros meses de 2008, el doctor Miguel Osorno entró en contacto con un neurólogo de Chicago, en Estados Unidos, el doctor Joseph Biller, con quien trató el caso de Jorge. En los diálogos que tuvieron, el doctor Biller recomendó al doctor Osorno hacer los estudios pertinentes para cerciorarse que la médula no estuviese anclada. El doctor Osorno juzgó pertinente no hacer más consultas.
  7. En ese momento estaban los padres Carlos Francisco Vera Soto y Rafael Ledesma Barajas; ellos los recibieron y compartieron el dolor de la pareja, ofreciendo orar por la salud de Jorge e invitar a otras personas a orar con el mismo objetivo.
  8. Se encontraban Jorge Treviño, Cecilia Plancarte, Marcela Morales, padre Rafael Ledesma y el mismo padre Carlos Francisco Vera.
  9. En ese momento, la madre Socorro Coello rcscj
  10. La doctora Pamela Bremer Plancarte, (quien conocía perfectamente el caso de Jorge, por haber colaborado con Cecilia Plancarte en el ordenamiento de todo su historial clínico) su hermana Patricia Bremer de Villarreal con su hija Roberta de 2 años.
  11. 1 El doctor Pedro Mario González, quien antes de entrar a ver a Jorge, fue detenido por Cecilia en la puerta de la habitación; entre ellos se dio este breve diálogo, que narra Cecilia en primera persona: Él me dijo: «Jorge está dormido. Si quieres  vuelvo más tarde…»; y yo le dije: “«no, sólo quiero preguntarte  antes si tú conoces acerca de Conchita Cabrera de Armida, porque le hemos estado pidiendo a ella por la salud  de Jorge». El doctor me contestó: «¡Claro, conozco también Jesús María y hemos  ido mi esposa y yo a retiros».  Entonces me sentí muy contenta porque pensé: «él si va a creer lo que está pasando en este momento». 
  12. Estuvieron presentes: Jorge Treviño y Cecilia Plancarte, Marcela Morales y los padres Carlos Francisco Vera MSpS y Rafael Ledesma MSpS.
  13. Jorge contó después que, al entrar al huerto le iba pidiendo a Conchita que lo guiara si es que ahí estaba el lugar, que él había descrito a sus amigos y donde ella lo había curado. Al llegar a un lugar preciso, que él había visto en sueños, Jorge comenzó a llorar y se le doblaron las piernas. Se sentó en el piso y se puso a orar. Permaneció en el sitio, junto con su esposa, por largo tiempo.
  14. Además de la comunidad de las Religiosas de la Cruz, los padres Carlos Francisco y Rafael, se invitó a las Misioneras Guadalupanas y a las Hijas del Espíritu Santo ya que todas estas comunidades habían pedido a Conchita que intercediera en favor de Jorge.

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